Valentina en el living de casa. Seguramente mirando la película de Shrek (I, II o III)
lunes, 21 de enero de 2008
Ilustres visitantes
Nieve in extremis
El 5 de enero por la tarde, empezamos a ver una especie de pelusilla bajando del piso de arriba. Muchas veces nos habíamos confundido con la pelusa que desprende una apolillada alfombra persa cuando su dueño, el sucio e indecente vecino de arriba, le da unos cuantos golpecitos en la espalda. Gracias al cielo, esta vez, no era el vecino joputa del quinto. Era nieve. Y se quedaba en el suelo, porque la temperatura rondaba el cero. Y se acumulaba, porque 1 mas 1 son dos mas otro tres... Y se hizo de noche, porque la vida es así.
La nieve seguía acumulándose para beneplácito de nosotros, unos niños con chiches nuevos, y eso que los Reyes venían de madrugada. El juego se transformó en una batalla campal de bolas de nieve (¿Quién fue el desalmado que metió una piedra adentro de la bola que me hundió omóplato superior derecho? ¿Quién, che?)
Al otro día seguía todo blanco pero una fina lluvia hacía presagiar lo peor: la vuelta del agua congelada a su estado natural. Entonces salimos raudos, a contrarreloj del deshielo. Nos dimos una paliza de juegos invernales que quedamos de cama. Nos lanzamos en los trineos de plástico, deslizándonos arriesgadamente por las laderas de las montañas más altas del barrio. Entramos en el Guinnes de los record por la confección y/o elaboración del muñeco de nieve más colosal y perfecto del mundo.
Cuando todo aquello no era más que un chiquero acuoso y blanduzco en donde era ya imposible mantener la verticalidad, volvimos a la casa para preparar las valijas porque nos íbamos al día siguiente a nuestra otra casa en Sevilla, desde donde establezco otra vez la comunicación.
Aunque no lo crean, créanlo, al llegar a la capital andaluza de los exámenes pendientes, pudimos ver más nieve, no tan fría como la sueca, pero sí más esponjosa y liviana, que estuvo amontonándose debajo de la cama, en la entrada, en el living y en todos los etcéteras que tengan rincones en los cuales no se les haya pasado una escoba durante un mes entero.
martes, 1 de enero de 2008
Estrellas y candelabros de adviento
Las casas también sufren las transformaciones pertinentes. Además del árbol de Navidad, las cortinas y los manteles, se decoran con estrellas y candelabros de adviento. En todas las ventanas de Suecia se colocan las estrellas luminosas que varían el número de puntas, desde las clásicas cinco hasta siete. Los candelabros de adviento tienen por lo general siete brazos que forman un triángulo. Otros candelabros se componen solo de cuatro velas. Los modernos son eléctricos pero los que se usaban antiguamente estaban compuestos por velas auténticas. Tiempo después, los más iluminados, resolvieron cambiar las velas posta por velas falsas al darse cuenta de que la causa principal de los innumerables incendios en época navideña en el barrio, eran los descuidos continuados de los dueños de casa con los dichosos candelabros.
La tradición dice que antes de que se usaran velas truchas, se encendía una vela cada domingo de diciembre, en los casos que son cuatro velas en línea. En el otro modelo de candelabro, con siete velas, se encienden primero las de las puntas y luego las que siguen, hasta llegar a la del medio, formando al final un triángulo.

sábado, 29 de diciembre de 2007
Liseberg
Por 27 días se puede disfrutar de 700 árboles de navidad iluminados, una pista de patinaje sobre hielo y una pista de esquí, 15 fogones para calentarse, 2300 litros de glögg sin alcohol y 1000 con alcohol, 500 k de almendras y nueces, 26.000 pepparkakor y de las 3 286 722 luces que iluminan el parque.
Este año tuvimos la suerte de ir al parque en familia, en patota. Muy bien abrigados porque el frío cruzaba como dagas y cuchillos afilados. También nos visitaron unos amigos andaluces, Tere y Pedro, que vinieron a buscar nieve pero lamentablemente se fueron con las manos vacías.
Glögg
Un vino malo se vuelve bebible con azúcar y especias. Esta fue una de las causas por las cuales surgió el glögg.
Un vaso de glögg caliente ayuda a calmar el frío en los días invernales. Para que se hagan una idea, la empresa Vin & Sprit, en Skåne, vende cerca de 5.000.000 de litros en solo 6 semanas.

- 1 botella de vino tinto barato o caro (yo les recomiendo uno barato porque existen serias posibilidades de que no les guste)
- 10 g canela en rama

1. Moler el cardamomo y la canela, poner todas las especias en un frasco de cristal y añadir el vodka. Tapar y dejarlo 24 horas. Guardar el vodka y tirar las especias.
2. Poner las almendras en agua hirviendo 10 segundos y después pasarlas por agua fria y pelarlas.
3. Mezclar el vino tinto con el vodka en una olla, añadir la vainilla, el azúcar, las almendras y las pasas. Calentar tapado durante unos minutos pero sin dejar que hierva. Servir caliente.
4. Hic... Salud!!!
viernes, 28 de diciembre de 2007
Santa Lucía
Las Santas Lucias se visten con largas túnicas blancas con una cinta roja atada en la cintura y una corona que sostiene velas encendidas. Completan la escenografía los “niños estrellas”, unos chicos con sombreros altos decorados con estrellas, llamados stjärngossar, los niños disfrazados de pepparkakor (Galletitas de jengibre) y los tomtar (gnomos de la mitología nórdica). Las niñas, si no son elegidas “Lucía”, prefieren ir de “damas de honor”, ataviadas con túnicas blancas y llevan una vela en la mano. Todos juntos forman un coro que canta canciones populares navideñas. Algunos coros recorren hospitales y lugares de trabajo.
Celebración de Santa Lucía en la escuela de Valentina. Ella es una de las damas de honor y Mati y Santi, colados de honor en la fiesta, son los duendes más chiquitos.
En el día de Santa Lucía se come especialmente los lussekatter o bizcochos condimentados con azafrán y pasas de uvas, muy ricos por cierto. También ese día y todos los días de diciembre y enero hasta agotar stock, se devoran las pepparkakor o galletas de jengibre.
Las pepparkakor son una de las más viejas galletas tradicionales. Ya se conocían en el 1300 pero recién en el 1700 recibieron ese nombre. Las propiedades de las especias hicieron creer que las pepparkakor tenían propiedades medicinales.
Hay un dicho popular que dice que si comés de estas galletas te volvés bueno. Y pensar que existe gente que no le alcanzaría la vida para comer tantas. Es tradición que los niños hagan de estas galletas en la escuela en compañía de sus padres.
Este fue el primer año que le tocó a Valentina hacer pepparkakor en la guardería.
3 dl de azúcar
2 dl de melaza
3 dl de leche
1 cuch de canela
1 cuch de jengibre
1 cuch de clavo de olor
1 cuch de bicarbonato
1,5 l y un poco mas de harina
Almendras y pasas (opcional)
Se calienta la manteca, azúcar, melaza y especias revolviéndolo hasta que la mezcla este muy ligera, Se vierte la lecha poco a poco y se deja enfriar. Se aniade la harina mezclada con el bicarbonato. La masa debe estar bastante firme. Se deja descansar en lugar fresco por lo menor un día. Se extienden porciones de la masa con un rodillo formando una lamina de unos 3 mm de espesor, sobre una mesa con un poco de harina, la masa restante se debe mantener en un lugar fresco porque sino pierde parte de su consistencia. Se recortan formas con un molde, por ejemplo un vaso. Se colocan una pasa o una almendra en cada oblea. A la masa que sobra se le vuelve a dar la forma de lámina para seguir recortando. Se van colocando sobre la bandeja del horno, que se puede untar con un poco de manteca la primera vez. El horno a 175 grados C. Se hacen muy rápidamente, 15 min. aproximadamente.
Mucha suerte.

Ingredientes
13 a 14 dl de harina
1 cajita de azafrán
½ cdita de sal
½ dl de miel
1 huevo
225 grs de manteca
50 gr de levadura
5 dl de leche
La cabaña



Navidad en Gotemburgo
Las hormigas cargadas con bolsas y bolsas caminan sin rumbo fijo, a contramano de las demás, chocando y empujando. Los carteles luminosos hacen picar como pelotas bobas a los kamikazes que se estrellan en cualquier vidriera. Ojos que ven corazón que quiere, efectivo que no alcanza tarjeta que todo lo puede.
El 13 de diciembre se celebra Santa Lucia, y a partir de ese momento comienza oficialmente la Navidad en Suecia. Comienzan las primeras compras, los primeros regalos y las primeras cifras para las estadísticas. Estas dicen que en este último mes del año se gasta casi la misma cantidad de dinero que en todos los 11 meses anteriores juntos. Y estamos hablando de bastante guita o pasta.
La tradición navideña también encierra una cantidad enorme de cosas aparte de las compras y los regalos. La comida por ejemplo es un aspecto a rescatar. Hay cosas que en una mesa de Navidad no pueden faltar. Todos los suecos saben lo que van a comer todos los años, ya que se repite el mismísimo menú cada 24 de diciembre por la tarde-noche.
La gente adecua sus hogares a la circunstancia. Se cambian las cortinas (ahora son rojas o verdes), los manteles, se ponen velas, se encienden los primeros candelabros de adviento, las estrellas de David y los árboles de Navidad, también aparecen las primeras figuras de paja y los simpáticos duendes empiezan a reproducirse como conejos.
Las flores más populares en esta época, y por populares son las más baratas que se encuentran hasta que te las tiran por la cabeza, son los jacintos, flores de Pascua y amarilis.
La comida juega un papel preponderante en estas fechas. Los componentes principales de la comida navideña son el jamón, panchos, arenque y arroz con leche. Como ven no se complican mucho.
A diferencia de la Yorugua Jul (Navidad uruguaya), donde el calor llega a temperaturas extremas, en Suecia ocurre lo contrario. Diciembre puede llegar a ser uno de los meses más fríos del invierno. Si hay suerte, la nieve cubre todo como una gran alfombra blanca y le pone canas a los árboles, además de iluminar naturalmente la temprana noche.
La pasada Navidad no la pasamos en Gotemburgo, sino que en Sevilla. Regalos había, comida había, bebida había, pero familia faltaba. Este año quisimos tener una navidad blanca y rodeado de parte de la familia. Lamentablemente, Gotemburgo no nos dio nieve este año, sí lluvia y barro, mucho.
En esta última Navidad también fue sin nieve, por lo menos en Gotemburgo y el sur de Suecia. Las temperaturas no llegaron nunca a cero grados, requisito fundamental para que la nieve se forme. Las temperaturas oscilaron entre 2 y 4 grados por lo que es como pedir peras al olmo. Lo fantástico fue pasar 3 días en una cabaña de los años 20 en medio del bosque, decorada y mantenida tal cual se estilaba en esos tiempos. Creo que no hay cosa más sueca que esa.
Otra Navidad que llega
Otro año que se va, otro que llega y otro más allá, no tanto, que espera. Lento, lento, pero irremediable, de paso firme y seguro. Parece que los años fueran cayendo como manzanas maduras de un árbol gigante. Cada manzana, cada año que cae, por la gravedad del tiempo, se transforma en canas, en arrugas, en más barriga, en pelos que se hacen invisibles, en sobrinos, en nietos. A todos, entonces, este año 2008, nos traerá otra cana, otra arruga, incluso otro nieto, otro sobrino, lamento informarles, es irremediable.
Nos quedarán las orejas rojas del teléfono, hay lugares que no podemos dejar de visitar, así nomás sin visa ni pasaporte, países enteros que recorremos rápidamente, ligeros de equipaje. Yo no me pierdo por nada en el mundo el asado del viejo y la pizza de la vieja. Es que ya casi puedo sentir el olor a carne asada que se escabulle del patio, casi puedo ver a hermanos borrachos, pero ya no de coca cola, a la gente llegando y elevando el volumen de la noche. Pasamos, sin dudarlo, por cada una de las casas de nuestros amigos y familiares, por Flores, por Montevideo, por Ames…
Ahora, contentos pero cansados del extenuante viaje, volvemos a nuestra acogedora cabaña sueca por fuera, uruguaya de corazón. Típica cabaña en el medio de la nada, podría decir un pobre solitario, en el medio de lo mucho, digo yo, un tipo muy bien acompañado.
¿Ya estamos todos acomodados alrededor de la mesa?
Entonces, sin más preámbulo, los invito a cargar las copas de burbujas y después levantarlas un par de centímetros por encima del hombro.
Ahora cerramos los ojos y ocupamos nuestra mente con un pensamiento positivo.
Por último abrimos los ojos, está descontado que sonreímos con el que está enfrente.
Recién ahora intervendría yo diciendo: Les deseo una muy feliz Navidad, un 2008 lleno de sueños cumplidos y que las arrugas se les noten lo menos posible.
Y finalmente, por fin el final último, hacemos repicar el cristal de las copas. ¡Salud! Y fondo blanco.
domingo, 9 de diciembre de 2007
Muchísima historia en poquísimas palabras
A lo que vamos. Andalucía al estar en un lugar estratégico, tanto para entrar como para salir de Europa, ha sido trillada literalmente por varias culturas durante cientos de años. Primero fueron Tartesios, después fenicios, griegos, romanos, árabes, ahora nosotros, mañana los robots y pasado mañana los gusanos y pasado pasado mañana, y viendo lo que nos espera con esto del cambio climático, nadie. Todos pusieron su granito de arena para construir lo que es hoy la cultura andaluza.
El legado musulmán en la península y principalmente en Andalucía es impresionante. Ejemplos increíbles son la Alhambra en Granada, la Mezquita en Córdoba o la Giralda en Sevilla. Cada una declarada patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Además de los adelantos tecnológicos y artísticos que aportó esta cultura, también son numerosos los restos que aún quedan en la gastronomía, en las fiestas, en el idioma y la cultura en general.
Del puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, salió Colón hacia la India, la brújula se le mojó y fue a parar a América, la descubrió, y el resto la conquistó, la expolió y bla, pum, pum, bla… Lo relevante para Andalucía fue que a partir de ese momento empezaron a entrar las mercancías que venían de América. Sevilla, la capital, se convirtió rápidamente en el centro comercial más grande de Europa. La famosa Casa de Contratación estaba acá en Sevilla. Fueron tan ricos en tan poco tiempo que volvieron a ser tan pobres como antes en apenas dos siglos. Cosa que hoy se puede ver, ya que dentro del contexto económico de España, Andalucía es una de las zonas más pobres. Un segundo mundo dentro de los retazos del primero. Claro que para llegar a esta situación, no debemos olvidar la colaboración interesada del dictador Francisco Franco que durante cuarenta años de gatillo fácil y de ricos más ricos, le regaló a España una de las más olvidables etapas de su historia.
Lo curioso del destino
Lo curioso del destino
(…) Parece extraño, curioso mejor dicho, que durante 4 o 5 años hayamos tratado de colaborar con el destino, allanándole el camino. Estaba todo en la agenda, todo bajo control, los documentos, el día, la hora. Pero el destino es caprichoso y al parecer no le gustan las cosas muy mascaditas. Barcelona nos gustaba, es una ciudad fantástica donde no falta nada. Tampoco gente. Al cabo de unos días como turistas la disfrutamos hasta la saciedad. También al cabo de unos días y metidos en la piel de dos personas sin cámara de fotos colgando del cuello nos pareció agobiante y asfixiante.
(…) Con esa idea en la cabeza y a dos meses de solicitar una plaza en la Universidad en Barcelona, partimos rumbo al sur en busca de playas y ciudades nuevas, vacaciones y trabajo. Elegimos a Málaga como el comienzo del periplo. ¿Por qué Málaga? Bueno porque un día, como si estuviéramos jugando a los dardos con los ojos vendados y el mapa del sur de España fuera el blanco, un dedo se clavó ahí y ya estaba decidido. No se imaginan lo divertido que es elegir sin mirar el mapa, el lugar adonde ir. (…) Entonces buscamos pasajes, que tenían que ser triple B, como le decimos nosotros: barato, barato y barato. Pero siempre faltaba una B para comprarlos. ¿Y si buscamos pasajes para una ciudad cercana que sea triple B? Eso hicimos. Como las matemáticas casi nunca fallan, se nos ocurrió hacer la ecuación:
x= (b 3) km ( ciudad z - km ) ciudad y
El resultado, muy fácil, x fue igual a Sevilla. Para ahí partimos mochila en la espalda, carpa en la mano derecha y sobre de dormir en la mano izquierda. Como dicen acá, “carretera y manta”.
(…) Nos recibió el calor con lo brazos abiertos. Jamás en nuestras vidas habíamos recibido tanto calor, que no fuese humano, y todo de golpe (…) Cuatro días de turistas bastaron para que nos empapáramos de sudor y de la calidez de la gente. La ciudad nos encantó y no nos sentimos tan apretados como en Barcelona. Nuestra idea de quedarnos en este lugar se hizo cada vez más firme. Después vino el trabajo, la plaza que era esquiva y el resto que todos ya saben.
(…) Lo que estaba claro era que a esa altura el destino venía rezagado, quizás estaba todavía en Barcelona. También nos dimos cuenta de que nosotros mismos éramos el porvenir de ese destino, que al final se torció, que lo torcimos.
jueves, 29 de noviembre de 2007
El Tren de los Fantasmas
Los “ombuenses”, como se los llama a sus residentes, vivían su máximo esplendor económico gracias al gran dinamismo de la producción. La prosperidad fue en aumento, y así, el pueblo, se transformó en ciudad, capital industrial del Uruguay. No le hacía falta nada que provocara la envidia de las demás urbes vecinas importantes. Un hotel cinco estrellas, colegios y clubes respetablemente privados, barrios residenciales, etc.
Como si esto fuera poco, enclavada en uno de los rincones de la ciudad, emergían exuberantes, una rueda gigante y un cartel colorido, que daba la bienvenida al parque de diversiones “Ombulandia”. El gusano loco, calesitas, sillas voladoras y muchas otras diversiones más. Uno de los juegos mas recordados por los citadinos era el tristemente célebre Tren Fantasma. Mi abuelo fue el primer y único boletero de este juego. Según los relatos de mi abuela, las personas entraban en él y desaparecían en su interior, sin explicación alguna. Los padres que esperaban a sus hijos, y algún novio miedoso que esperaba a alguna novia, al final del recorrido, se iban con las manos vacías.
A los pocos días de abrir el parque, la alarma sonó en todos los rincones de la ciudad. Nunca se encontró una explicación a los horrendos hechos. Dos empleados del parque, encargados de asustar a los clientes en el interior del juego, fueron detenidos. Se los acusaba de secuestrar a menores y mujeres. Posteriormente, fueron puestos en libertad por no encontrarse ninguna prueba que los implicara en el caso.
Se decía, que los desaparecidos eran siempre menores de diez años y mujeres de cualquier edad y estado civil. Aunque un par de investigadores, algún padre desesperado y una decena de novios desdichados que entraron, tampoco aparecieron más. Unos decían que en algún lugar existía un gran pozo por el cual, los infortunados, caían atraídos por una fuerza magnética y sucumbían consumidos por el fuego del centro de la Tierra. Otros creían en la versión que decía que un gran monstruo protegido por la oscuridad del lugar los tragaba sin dejar rastro alguno.
Los ciudadanos, prohibían a sus hijos y a alguna esposa, no subir más en él, inclusive no pasar por las inmediaciones del juego. Por varias generaciones, se tomó como un hecho folclórico asustar a los niños pequeños, con llevarlos al Tren Fantasma, cuando estos se portaban mal o no comían toda la comida. Sólo algún turista despistado osó usar el juego, obteniendo como resultado, el final catastrófico ya sabido.
Una vez mi abuelo, en sus largas tardes de aburrimiento en la boletería, encendió el juego y el tren completamente vacío corrió por los rieles. La sorpresa fue mayúscula cuando un niño, de baja estatura, asomó su cabeza sentado en la primera fila. Mi abuelo corrió hacia él, lo tocó, le palmeó las mejillas preguntándole si estaba bien y en dónde había estado. El niño, también con cara extrañada preguntó por sus padres. Mi abuelo, sin salir de su asombro, le dijo tartamudeando que sus padres estaban en la casa y vendrían pronto a buscarlo. “¿Qué te pareció el paseo?”, preguntó el abuelo queriendo encontrar en el niño la revelación del enigma. Este sólo contestó despreocupado que el tren fantasma era muy aburrido y el recorrido sumamente corto. A partir de ese día, el tren fue encendido cuatro veces al día, haciendo doble recorrido. Al cabo de un mes, se le ordenó al abuelo que cesara con la prueba que hasta el momento había sido en vano.
Mi abuelo trabajó, en el parque dos meses más, según el recuerdo de sus compañeros que lo vieron por última vez. Mi abuela, con casi noventa años, sigue creyendo, con porfiado odio, que él se fue a otro país con alguna muchacha más joven que conoció en el parque.
En mis esporádicos viajes al derruido pueblo, sólo veo muerte. Los cadáveres de las fábricas, las ruinas de la prosperidad yacen cubiertas de polvo y maleza. En el triste parque de diversiones todavía está en pie, resquebrajado y sombrío, el fatídico Tren Fantasma. A su frente, inclinada y asaltada por el herrumbre, está la cabina donde mi abuelo, que conocí sólo por fotos y relatos, trabajaba vendiendo boletos. En el vidrio astillado y cubierto por una capa gruesa de polvo gris, todavía se deja leer el cartel amarillento y prolijamente escrito que dice: “regreso enseguida”.

sábado, 24 de noviembre de 2007
El joven que creyó ser más viejo
En algún momento de este último año, XX, perdió la cuenta. Parece tonto, no?, decía ZZ mirándome a la cara entre risitas bobas. Puede pasar, le respondí yo devolviéndole las risas. Según mi amigo, XX, tuvo un año muy difícil, bastante movido, de aquí para allá, y posiblemente en esos meneos y vaivenes del viaje de la vida se le cayó el almanaque mental y lo perdió vaya a saber donde.
Lo más grave fue la crisis, por error, que estuvo sufriendo todo ese tiempo mientras duró el cálculo fallido. No es lo mismo cumplir un año más que cumplir un año menos, ¡es el sueño de cualquiera!, gritó mi amigo ZZ y me hizo despertar del atolondramiento momentáneo en el que estaba, pensando en XX, en los conflictos psicológicos por los que tuvo que haber pasado, y sin querer. Pobre XX, yo en su lugar no sé que hubiera hecho, ya que también sufro con la acumulación de años, cada año que sube es una lagrima que cae. Pero pensé: los años no tiene porque ser los que nos marquen el escalón de la vida en el que estamos, somos más que una cifra, somos también momentos, instantes.
Y como si de una fiesta pasáramos a un velorio, mi amigo dijo, Yo sí voy a cumplir veintinueve. Su cara cambió, de la sobrada alegría del principio paso al abatimiento, a la derrota. Sacudió la cabeza y la fue bajando lentamente hasta que miró el suelo y se mordió el labio. Para qué, también para mí se terminó la fiesta y la alegría, miré el piso y le ayudé a buscar a mi amigo lo que se le había perdido. Pocas neuronas se necesitan para saber que lo que buscábamos era el tiempo, de los años 1 al 28, escurridos entre día y día mientras pensábamos y soñábamos en el 30 o en el 50. Decimos siempre que el pasado pisado, pero conscientemente pisoteamos también el ahora y terminamos dando manotazos de ahogados al después, que nunca deja de ser un espejismo en el desierto del destino. Pero lo hemos pisoteado y apisonado tanto que vaya a saber cuantos metros bajo tierra estarían esos cadáveres resecos de nuestros pasados sosos. Sin demasiada esperanza, seguimos cavando ese suelo polvoriento que teníamos bajo nuestros pies.
Pasó un triste y callado minuto hasta que le dije, casi en un susurro, que XX era afortunado por cumplir un año menos. Mi amigo, sin dejar de observar el piso, asintió con la cabeza dos veces y en un suspiro corto dejó escapar un Sí entrecortado. ¿Es el único de la generación que cumple uno menos que el resto?, pregunté, persistiendo con la búsqueda. Mmm, debe ser, dijo el otro. Pasaron otros segundos, en el que un montón de hechos pasados se desparramaron rápidamente por nuestras mentes, como si estuvieran conectadas a una misma máquina de pensar. Como cuando los piratas comienzan a perforar la isla en busca del tesoro y por fin, casi tocando el centro de la tierra y después de sudar más que suficiente, el sonido seco de la madera les advierte que han encontrado lo que quieren.
Sin piernas de palo ni parches en los ojos, levantamos las cabezas rápidamente, de forma sincronizada, nos miramos, como si estuviéramos frente a un espejo, sobre el posible tesoro. Teníamos la cara estirada y los ojos muy grandes. Los dos abrimos la boca a la misma vez y dijimos simultáneamente, reflejándonos el uno en el otro, ¿En qué año nació XX?, y respondimos, otra vez en duplicado, En el 78, y seguimos, ¿Y nosotros?, pregunté, En... también... en el 78, contestó ZZ con voz titubeante. Un escalofrío corrió por mi espalda hasta que se convirtió en un balde de agua helada que cayó en forma de diluvio universal sobre todo mi ser, lo mismo debió haber ocurrido a mis amigos, el del espejo y XX.
¡Acá está, capitán!, gritó el marinero desde el fondo del pozo. Somos ricos, ¡ábrelo rápido!, fue la respuesta de jefe de los piratas.
Contamos varias veces con los dedos y era cierto, también tenemos veintiocho. Mirando fijamente los ocho dedos erectos de mis manos dije, ¿Qué tonto? (en realidad dije otra palabra más ordinaria). Mi amigo ZZ no dijo nada porque seguía contando y repasando la cuenta. Ya con los dedos acalambrados, mi amigo y yo nos miramos y comenzamos a reírnos hasta mas no poder, hasta que el estomago dolió.
Somos ricos, repitió el capitán contemplando aquel enorme cofre lleno de oros y diamantes. Los piratas se abrazaron y gritaron de alegría. Nosotros también nos abrazamos y nos palmeamos las espaldas. Vos de octubre, le dije, ¡Y vos de agosto!, dijo a las risotadas y preguntó, ¿Qué día?, El 30, le dije sin dejar de reír y sosteniéndome el estomago con las manos, ¡Es la semana que viene!, dijo ZZ ya sin risas pero con lagrimas dulces en sus mejillas, me puso la mano en el hombro y continuó, ¡Nos vamos a festejar!, ¡Claro que sí!, le dije apretándolo con otro abrazo.
¿Qué hacemos con todo esto capitán?. Disfrutarlo al máximo, vino para todo el mundo!, gritó y todos repitieron la frase, algunos ya se lavaban las manos entre piedras preciosas y joyas, otros provocaban una lluvia dorada y espesa que caía del cielo y los empapaba.
Y en los bares terminamos, brindando muchas veces por XX, por las cosas que todavía faltan hacer en estos dos años con 28, porque desde ahora vendrá el después, por los que cumplimos y por los que no, y otros tantos brindis mas por todos los tontos que hemos creído y creemos ser mas viejos de lo que somos, y por los piratas, no nos olvidamos de ellos, que siguieron buscando tesoros, por el simple hecho de que era divertido, ya que el oro les sobraba.
AA.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Otoño
viernes, 16 de noviembre de 2007
Amigos (II)
Si hay mas agua que sal en el océano
Si un kilómetro es eterno para un cojo
Si las navidades son un poquito más frías
Si al paciente lechón le falta compañía bajo la parra
Si el cóctel potente se congela en el freezer
Si deja de girar la ronda de mates
Si falta uno para tapar agujeros
Si queda un hueco en el banco de la plaza
y en la ventana de una automotora
Si la espalda echa de menos unas palmaditas
Si las anécdotas ya no son las mismas
Si te ocurren todas o una de estas cosas
Si estás triste por ser un huérfano de amigos
No acuses a los dioses ni a los hechiceros
Mejor transfórmate en una onda sonora
Conviértete en un impulso electromagnético
Camúflate en un bit, en un @, en un .com
Sé una idea, un sentimiento
Viaja, viaja, viaja a donde sea
Tan liviano como una pluma
Que se lleva el viento
Bailando, cantando, feliz
Al lugar de encuentro
Donde un día, ya no importa cual,
La orilla era la misma
El océano era el ancho de una calle
Y los huecos no eran aire
Sino una oreja, un hombro y un abrazo
Que no se han ido
Que no se han marchado
Que no se han evaporado
Al contrario
Siguen siendo
Siguen viviendo
Siguen creciendo
Por arte de magia
Por arte de nostalgia
Por arte del recuerdo
Lauro y Ariel, buena gente pero como amigos, lo mejorcito que hay.
martes, 13 de noviembre de 2007
¿Por qué no se callan?
“¿Por qué no te callas?”, esa es la frase que recorre el mundo en este momento, y España está inundada, empapelada y youtubezada con este desliz del jefe del Estado español, el Rey Juan Carlos I. La cumbre iberoamericana, celebrada en estos días en Chile, seguramente tuvo consecuencias positivas, muchas o pocas, para toda la región de América Latina, tan castigada y bonita. En España también tuvo consecuencias positivas, pero para los medios de comunicación. Poco se hablaba de lo que se hablaba en Chile, a pesar de los enviados especiales y corresponsales apostados allí, hasta que la intervención del rey español, sacudió la modorra de las editoriales de los diarios y las tertulias políticas, económicas y del corazón de las radios y las televisiones. El por qué no te callas fue para los medios una inyección de “algoparadecirilina” en sus programas vacíos ya de contenido y donde el raspe que rasque a las noticias y debates ya no daban para más.El sábado por la noche soñé con esa imagen del Rey haciendo callar a Chávez porque no dejaron de pasarla por televisión. El domingo compré El País y ahí estaba mi sueño en portada. Todas las portadas tenían esa imagen.
Esa reacción airada, desmedida, poco certera del Borbón de turno, creo yo, tiene muchas lecturas según quien la analiza. El Rey, por más azul que tenga la sangre, por más corona y por más presupuesto del estado que se gaste, es una persona de carne y hueso, como cualquier animal humano, aunque por allí se comente que es un sapo deshechizado con un beso de la dictadura franquista. Si nos ponemos en su piel borbónica, en ese momento candente del debate entre presidentes y diplomáticos, con un Chávez tratando de fascista a un ex presidente español (y yo no seré el que pone las manos en el fuego por ese), acusando de conspiradores de un golpe de estado fallido en Venezuela al gobierno español de Aznar y a los empresarios españoles, y sobre todo, que no dejaba hablar a Rodríguez Zapatero que tenía la palabra, interrumpiendo todo el tiempo su discurso, es normal hombre, que la reacción no es diplomática ni respetuosa, estamos de acuerdo, como no son nada diplomáticas ni respetuosas las intervenciones de Hugo Chávez, ya sea en su programa de televisión, en una cumbre o en la mismísima ONU.
Otra cosa es que el Rey de España, la Monarquía por gracia divina, es una figura que históricamente ha estado ligado a los países latinoamericanos y que sus antepasados destruyeron culturas extraordinarias y expoliaron todo lo que se les antojó de nuestras tierras, dejándonos pobres y huérfanos. Antes, entonces, el Rey mandaba a callar con el dedo en el gatillo. Ese fue el recuerdo que nos quedó de cuando éramos colonia. Hoy por hoy, libres y democráticos, los países latinoamericanos ya no son más colonias españolas, por lo que ese gesto de hacer callar a un presidente de un gobierno latinoamericano pudo haber dolido a más de uno y le trajo a la memoria las sombras del pasado. Aunque ahora, las monarquías europeas que se mantienen no son las mismas de antes, están descafeinadas y son poco y nada relevantes políticamente, eso sí, con buen apoyo popular, aunque habemos muchos que pensamos lo contrario, ya que esta institución pomposa tiene que ver más con la mentalidad de la Edad Media que con la actual. Entiendo a los que se sienten dolidos, pero personalmente me decanto por lo primero que dije, el monarca es una persona que se olvidó de la diplomacia y las buenas maneras y metió la gamba hasta el fondo. Creo que muchos la meterían en ese momento, con o sin corona, de oro o de cobre.
Una cosa es cierta, Juan Carlos I, Juanca para los amigos, metió la pata, mandó la diplomacia al retrete, nada más, no le busquemos la quinta pata al gato. Los que si están contentos son los medios, que invierten litros y litros de tinta, horas y horas de programación en justificar y condenar la actitud del Rey. Lo último de esta fiebre, son unos tonos para celulares con la famosa frase. Incluso en este blog ha tenido su lugar. Y alguien estará pensando o dirá: eh tú, "¿por qué no te callas?". Ya voy.










