domingo, 13 de abril de 2008

Un buen paseo



Muchos pensarían que después de decir las cosas que dije de la banda terrorista ETA, estos habrían venido a por mí y con una capucha en la cabeza me habrían llevado secuestrado. Como ni los terroristas ni los pacifistas leen este blog, no ha pasado nada de eso. Sin embargo fue mucho peor. La facultad fue la señora que me tuvo retenido gran parte de este tiempo. Eso sí, en medio hubo vacaciones, que merecidas o no, igualmente me las tomé. Nos las tomamos, porque además de mi media naranja, sus padres, Jaime y Laura, vinieron de visita a Sevilla y compartimos una semana muy intensa. El tiempo voló porque nosotros volamos, de un lado para otro, desde Sevilla, nuestro centro de operaciones, hasta Portugal, Cádiz, Córdoba, Huelva y deteniéndonos a contemplar alguna procesión de Semana Santa que abundan en la capital de Andalucía.

Portugal. En auto resulta un paseo porque estamos tan cerca que en poco más de una hora ya estás del otro lado de la frontera falando português y escuchando fado, la música típica portuguesa. Como no teníamos mucho tiempo para estar allí, porque teníamos la meta de recorrer casi toda Andalucía, optamos por quedarnos en el sur, en la región del Algarve. Paramos en el camping Pedras d’el Rei que está situado en pleno Parque Natural da Ria Formosa a 2 kms de una aldea de pescadores llamada Santa Luzia y a 5 Km de la ciudad de Tavira. Allí encontramos un lugar que tenía lo que buscábamos, nuestra prioridad, un poco de limpias playas de arena blanca y tibias aguas cristalinas. Lo conseguimos casi casi todo, faltó a la cita la tibieza del agua, que quemaba, pero de frío. No se imaginan lo que costaba meterse dentro de esas aguas tan bellas y cristalinas. Pero lo logramos, a costa de un cuerpo totalmente entumecido y agarrotado por el frío. Estuvimos un par de días, disfrutando del sol que hacía días no se veía en Sevilla por motivos de la lluvia. El mismo sol que mis suegros no veían desde hacía meses en el norte de Europa. Era una fiesta tanto sol. Para ellos, andar livianos de ropa era algo poco probable en esta época del año en Gotemburgo.



Portugal. Playas limpias y agua cristalina y muy fría.




La playa, como ya dije era fantástica. Quedaba un poco lejos del camping pero la distancia era salvada por un pequeño y desfasado trencito que llevaba y traía turistas cada 15 minutos. Por la noche refrescaba, lo que no fue impedimento para recorrer la ciudad de Tavira, muy linda por cierto, que está atravesada por el río Gilao (Yo estoy convencido de que una ciudad tiene un encanto especial cuando un río pasa por el medio, sirvan de ejemplo, Sevilla, Gotemburgo, Estocolmo, Viena, Budapest, Praga). Los puentes, las construcciones del siglo XVIII y las muchísimas iglesias que aparecen y desaparecen por las calles y callejuelas de adoquines, le dan un toque especial a esta ciudad portuguesa. Sin dudas, la playa ayudó a combatir el estrés y para darnos fuerzas para comenzar el periplo por Andalucía.
Antes de cruzar a España paramos en Villa Real, el “Chuy” portugués de los españoles. Separados por el río Guadiana, los pobladores de ambos países se mezclan en las pequeñas tiendas forradas y abarrotadas de toallas, manteles, mantas, sábanas, repasadores y un largo etcétera textil. Los precios, como no podía ser de otra manera, son más baratos que del otro lado del Guadiana. Los turistas textiles pululan por las calles y hacen escala en todas las tiendas y tenduchas buscando la mejor oferta o el mejor regateo posible.
Ahora podemos presumir de que tenemos unas súper toallas portuguesas, que secan y todo, fantásticas.






Villa Real. El "Chuy" portugués de los españoles.




Tavira de noche.






Andalucía. Otra vez en España, un descansito en Sevilla. Anduvimos por el centro de la concurrida y bulliciosa ciudad impregnada con el característico perfume de azahar. La razón del bullicio no es otra cosa que la archi famosa y mundialmente conocida Semana Santa sevillana, única en el mundo por el fervor que le ponen los sevillanos. La ciudad se transforma para acoger a millones de personas, turistas, curiosos, religiosos y agnósticos que no se quieren perder la fiesta. Nosotros vimos alguna procesión que sirvió para que nuestros ilustres visitantes pudieran comprobar con sus propios ojos y en sus propias carnes las sensaciones que se perciben cuando se ven esas imágenes de vírgenes extremadamente tristes llorando la muerte de su hijo y esos cristos crucificados y castigados por los sádicos romanos.


Pero no sólo es eso, también pone la piel de gallina ver como los miles de penitentes y nazarenos, ataviados con atuendos terroríficos similares a los del Kukuxklan, se pasean mudos en filas interminables, y los costaleros, los sufridos hombres que cargan a sus espaldas las toneladas del paso, arrastrando los pies y balanceando las imágenes de madera para darles vida. Y la banda de música da la puñalada final a la angustia que desprende el resto. Pero no todo fueron procesiones en Sevilla, que para mi modesto entender con una que veas es suficiente.









Sevilla y el Guadalquivir. Vistas de río desde ambas orillas.






Más Guadalquivir. El puente de Triana es uno de los monumentos más típicos y emblemáticos de Sevilla.




Paseo por el Parque María Luisa y la Plaza de América.






La Plaza de América es conocida también como "plaza de las palomas". Arriba, el museo Arqueológico y el museo de costumbres populares que dan más encanto al lugar. Me gusta este lugar.



Plaza de España. Fue el pabellón del anfitrión en la Exposición Iberoamericana de 1929.




Más cerquita de Sevilla está Carmona, una de las principales ciudades monumentales y arqueológicas andaluzas. Los restos que se conservan dicen mucho de las innumerables culturas que llegaron y vivieron allí. Los vestigios más impresionantes son de los romanos, como la necrópolis, el anfiteatro y la muralla con la Puerta de Córdoba de tres arcos, la postal más representativa de Carmona. Otra ciudad, y perdonen que me reitere demasiado, para recorrer a pie y perderse (con un mapa en la mano) por las calles angostas y llenas de sorpresas llamadas barcitos, restaurantes, tiendas de artesanías, iglesias y museos. Carmona está ubicada en una montaña por lo que recorrerla en subida puede ser cansador, pero tiene como premio unas vistas increíbles.




Carmona. Vistas espectaculares.



La puerta de Córdoba, Carmona.



Más de Carmona


Mientras las procesiones rulaban durante toda la semana por las calles de Sevilla, aromatizas por los naranjos en flor y los inciensos, nosotros nos escapamos a Córdoba. Una ciudad pequeña pero muy disfrutable. Allí pudimos admirar nuevamente la impresionante Mezquita, construida en el año 785 y proclamada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Cuando se construyó, esta parte de la península ibérica estaba habitada por musulmanes, y Córdoba era considerada una de las ciudades más adelantadas de toda Europa. La Mezquita es una muestra de la grandeza de la cultura musulmana en esa época. Lo más impresionante de la Mezquita es el bosque de columnas que se encuentra en su interior. Hay 856 columnas apoyadas en arcos dobles de color amarillo y rojo.

Como los españoles llegaron tiempo después y vieron aquella maravilla, no pudieron tirarla abajo por respeto, no a los musulmanes sino a semejante obra de arquitectura e ingeniería. Algo tenían que hacer para darle el toque católico y español. En 1523 tiraron 160 columnas y metieron una Catedral que arquitectónicamente no tiene absolutamente nada que ver con la mezquita. Pero es la forma que tienen los conquistadores de poner su sello y marcar su dominio, como un perro que va marcando su territorio a base de meadas. En este caso los españoles a base cagadas marcan su territorio, como lo hicieron en Sevilla, tirando otra Mezquita, como en la Alhambra construyendo una especie de plaza de toros en medio. Pero esto ocurre siempre, ya lo hicieron los romanos, los chinos, los talibanes, etc.





La Mezquita de Córdoba. Patrimonio de la Humanidad.




Callejuelas floridas de Córdoba


A unos 200 metros de la Mezquita acababan de inaugurar la reconstrucción del puente romano que cruza el río Guadalquivir, aunque de romano sólo le queda la idea. Lo más sorprendente fue, y lamentablemente es, la trágica realidad que nos muestra el irremediable cambio climático, más concreto, la sequía que sufre esta parte de España. El río Guadalquivir, uno de los más importantes de España, literalmente no pasaba por debajo del puente, un triste y marrón hilo de agua era capaz de pasar al otro lado. Es preocupante (tres semanas después de la concepción de estas líneas, las fuertes lluvias que azotaron España han vuelto a darle vida a esta parte seca del Guadalquivir).
Saliendo de la ciudad, sobre la falda de una montaña está Medina Azahra, mejor dicho, los restos de un impresionante palacio califal, no en vano le llamaban el “Versalles de Córdoba”. Construida en el siglo X, el palacio del Califa tenía una vista envidiable de la ciudad.
Córdoba es otra ciudad para perderse en sus estrechas callecitas adoquinadas, mágicas por momentos, que te transportan a los países árabes de las mil y una noches. Visita recomendable 100 x 100.







Puente romano deshidratado y Medina Azhara


Al final Cádiz. Una ciudad que mira al mar, con mucha luz. Según la historia, fueron los fenicios que fundaron esta ciudad allá por el año 1100 a.C., encantados por lo que ofrecía este trozo de tierra metido en el mar, a la que llamaron Gadir, “recinto cerrado”. Por eso se los llama gaditanos a los que son de Cádiz. También conocida como “tacita de plata” porque guarda las esencias de las grandes culturas europeas. No sólo fueron los fenicios, cartagineses y romanos, los que quedaron seducidos con esta ciudad, también mi suegro reconoció, parado frente al mar, que es un lugar perfecto en el que le gustaría vivir.
La ciudad es muy bonita, pero las playa que recorren la costa de la provincia son sublimes. Siempre que me preguntan por alguna playa, siempre recomiendo las playas de Cádiz, cualquiera. Son las mejores, junto con algunas de Huelva, que me hacen acordar mucho a las de Rocha (Ahh)





El "malecón" gaditano, el anfiteatro romano y sus ilustres visitantes.



La ciudad de Cádiz se divide en dos. La moderna y la ciudad vieja, la “tacita de plata”, con calles laberínticas llenas de historia. Cádiz es famosa por su carnaval, el cual tiene mucha similitud con el nuestro, por los notorios lazos históricos que los une. Con relación a esos lazos comunes que nos unen a los uruguayos con los gaditanos he leído recientemente que la ciudad de Cádiz y la ciudad de Montevideo se han hermanado. El 28 de marzo se declaró oficialmente el Hermanamiento en el Museo del Carnaval de Montevideo. Según la alcaldesa de Cádiz, el hermanamiento está justificado porque “se ha comprobado durante décadas como el carácter marítimo, la vinculación con el comercio, las tradiciones y fiestas de Cádiz y Montevideo eran dos caras de una misma moneda”. Nos alegramos porque esto hará que los relaciones sean aún más fuertes entre ambos países. El año pasado me tocó exponer en clase un trabajo sobre los vínculos culturales entre el carnaval uruguayo y el de Cádiz. Resulta que la comparsa ganadora del carnaval gaditano fue Araka la Kana, una especie de fusión muy interesante de ritmos y estilos con nuestra Araca.






La bahía de Cádiz. Dan ganas de quedarse ahí.


Al final, si nuestro propósito era descansar, no sé si lo conseguimos, seguro que no, porque la paliza fue bastante grande. Los visitantes se fueron con otro colorcito en la piel para enfrentar al poco soleado invierno sueco. Por cierto, al llegar a Suecia los esperaba una blanca y gélida tormenta de nieve para que rápidamente vovieran a la realidad.

1 comentario:

Tomas dijo...

Hola Alejandro me alegra que te gustara mi ciudad (CADIZ), ahi te mando un enlace de mi blog por si quieres saber algo mas de ella.
Gracias un saludo:

http://www.tomalvi.blogspot.com