lunes, 15 de octubre de 2007

Nueva York (Zoo York)

Nueva York es la ciudad más grande de Estados Unidos y tiene una población de cerca de 8.000.000 de habitantes. Esta ubicada en la desembocadura del río Hudson y la isla de Manhattan es uno de los cinco distritos en que está dividida la ciudad. En esta isla inmensa se concentra gran parte de la población y es el centro comercial y de negocios de la ciudad. Por razones de tiempo nosotros recorrimos solo parte de la isla porque es la zona con más fama de Nueva York. Cuanto más a la punta de la isla nos vamos, más se acumulan y concentran los rascacielos. Llegó un momento en que se tuvo que construir hacia arriba porque Manhattan no tenía más lugar. Que preocupante es llegar a este punto, con tanto espacio que tiene Estados Unidos, se amontonan todos, uno arriba del otro, nunca mejor dicho. Será que a mí no me gustan tanto esos edificios altísimos que dejan la ciudad a la sombra. Por ejemplo la famosa Wall Street donde los empresarios pasean el precio mundial del pan en sus maletines de cuero, es una calle peatonal de no más de 500 metros, encerrada por edificios que parecen juntarse en algún punto del cielo, vive en la oscuridad, a la luz del brillo dorado de las puertas y de los techos de los bancos y de los flashes de los turistas.
Desde el aire y muy a lo lejos, la ciudad de Nueva York se parece a un gran gráfico de barras envuelto en una espesa e inmóvil nube gris. Ya con los pies en la tierra y con la mirada perpendicular a las paredes espejadas de los rascacielos, se pierde esa perspectiva y la nube no es tan gaseosa como parece, sino todo lo contrario, se puede tocar y moldear como a si fuera plastilina. Las calles quedan angostas ante tantos autos y poco a poco se comienza a sentir la presión de los edificios que parecen apretar y sacar el poco oxígeno enrarecido que queda.
El tren que conecta el aeropuerto con el centro de la ciudad, nos dejó precisamente abajo o arriba de lo que un día fueron las Torres Gemelas. Cuando uno se baja en la zona cero, debajo precisamente de donde estaban las torres y ve todo en construcción, las máquinas excavadoras aún limpiando, los trozos de las enormes vigas de acero que todavía están clavadas en los cimientos que han quedado, las goteras que hacen charcos en el piso y las pocas paredes que se han conservado, lo primera sensación que recorre el cuerpo es salir corriendo, enfilar directo a la escalera mecánica y salir a la superficie en busca de aire. Les juro que sentí escalofríos y muchas ganas de irme de allí.
La mejor manera de conocer en poco tiempo Manhattan es usar el metro. Yo le llamo la víbora plateada ultrasónica porque es un bicho que viaja a la velocidad de la luz por esas galerías terroríficas, oscuras y siempre sospechosas del subsuelo de Nueva York. Entrar a las profundidades del metro era un suplicio para mí. Solo con bajar al primer peldaño de las escaleras un vaho húmedo y caliente te cachetea la cara y el olor a pescadería clausurada por el Ministerio de Sanidad e Higiene te revuelve el estómago. Abajo, una noche permanente a la luz de una lamparilla de 100 w, rejas por doquier y el tac-tac de los molinetes que no descansan. Este suplicio dura poco porque el metro pasa muy seguido y con el aire acondicionado a tope.
A Nueva York le dicen Zoo York y no es más que por la diversidad étnica y cultural que existe en la ciudad. No es necesario vivir allí mucho tiempo para darse cuenta de lo variopinto que son sus pobladores. Está el ejecutivo almidonado de Wall Street, el negro rapero que usa ropas anchas, el hindú con su turbante en la cabeza, el caribeño moreno que habla Spanglish a la perfección, como ese que nos atendió en la pensionucha que nos quedamos, “Pero, utede ian etado agui before?”. También no faltan los chinos que tienen su propio barrio-gueto, Chinatown, donde uno no necesita gastarse una fortuna para ir a China porque en esas calles se pierde la noción del espacio y del tiempo. Los inmigrantes chinos, al igual que los italianos con su Litle Italy, que llegaron hace algunos años a EEUU se han traído una porción de sus mercados, restaurantes, comercios y tradiciones en las valijas y han creado verdaderos guetos, más que nada los orientales, encerrados entre los muros imaginarios de color amarillo y rojo que se levantan a la entrada del barrio, a los cuales ellos traspasan poco.
El Central Park es el pulmón de la ciudad. Parece increíble que esta enorme porción de torta verde haya quedado en medio de los rascacielos, protegida como una especie en extinción, como un mundo de paz dentro de otro mundo chiflado. Si uno se cansa de mirar para arriba, de los tonos marrones y grises y necesita salir del reino de las sombras, no tiene más que cruzar una calle y perderse dentro del parque. Perderse también en sentido literal, porque nos perdimos varias veces recorriendo parte de sus kilométricos caminos atestados de maratonistas aficionados y turistas deslumbrados con las ardillas juguetonas que salen al paso. El parque además de otras cosas, tiene varios lagos, el jardín Strawberry fields dedicado a John Lennon y el Museo Metropolitano, en el cual cuelgan garabatos de Picasso, Van Gogh, Monet, descansan las jóvenes momias en sus sarcófagos, los recuerditos dorados de Mayas y Aztecas, y muchas otras cosas viejísimas.
Anduvimos por la Quinta Avenida de compras en las rebajas de Tiffany, Dior y Gucci. Nos encandilamos con las luces de neón en Time Square, en la afamada calle de los musicales, Broadway, que madre mía, quien pagará la factura de la luz. Caminamos por el puente de Brooklyn. Nos cerraron en la cara la puerta del edificio de la ONU, que si no lo sabían ocupa una porción de territorio que no pertenece a EEUU, es territorio internacional, y además no vayan después de las cuatro de la tarde. No vimos todos los 5.000 rascacielos que hay en Manhattan pero sí los dos más emblemáticos, el Empire State, en su tiempo el más alto del mundo con 442 metros y 102 pisos, y el edificio Chrysler. En el primero se colgó King Kong, se acuerdan? Yo confundí toda mi vida al edificio Chrysler con el Empire State y gracias a este viaje logré desasnarme.
Nueva York, un lugar para visitar por un período corto de tiempo, más de dos días seguro, con la cámara de fotos en la mano, con ganas de pasearse por una ciudad cosmopolita, la más grande del Estados Unidos, que le desplumará los bolsillos, que lo zarandeará a su antojo, que lo absorberá, si es que no va preparado para aguantar el trajín de una gran manzana acaramelada que prácticamente no duerme. Desde mi punto de vista, a Nueva York hay que ir con la mente muy abierta y con ganas de aprender mucho de las diferentes mezclas culturales que allí se pueden encontrar, pero eso sí, les recomiendo que vayan con el pasaje de vuelta comprado y pagado.

Museo Metropolitano, Puente de Brooklyn, O.N.U. y Rockefeler Center.


Time Square (Broadway)


Wall Street


Calles de N.Y. (Título para una serie)


Calles y rascacielos de N.Y.


Central Park


Chinatown (llevar tenedores)


El Metro

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola nuevamente,nos tenian abandonados.Bueno ,tan imprecionante como real,la ciudad de N.Y es tal cual la muestran las peliculas,es muy bueno saberlo.
Los felicito por esa mente abierta y por animarse a entrar en el metro,dada la descripcion.
Les manda un gran beso,SO.

Mariana dijo...

que suerte que aparecierosn las pruebas, pense que la ida a Zoo York esra una mentira!!!
Que lindas las fotos, ya conoci, no tengo porque ir, Gracias!!!